
«Ya debería tener hasta piscina»: el empresario que mezcla seguridad, deporte y desarrollo en San Antonio
agosto 26, 2026Reportaje · Comunicación Comunitaria
El primer eslabón: la historia invisible de los tripulantes que sostienen el puerto de San Antonio
Hay un trabajo que la ciudad de San Antonio ve todos los días y, sin embargo, no termina de conocer. Ocurre frente a la costanera, entre el vaivén de las lanchas y el rugido de los remolcadores que entran y sacan los buques del puerto. Quien camina por el borde costero puede mirarlo, pero pocas veces se detiene a preguntarse quién está detrás de esa maniobra, bajo qué condiciones trabaja y qué historia arrastra.
Esa fue la pregunta social y comunitario Entrevistas Galáctikas, transmitido por Galáctika Media, cuando sus conductores recibieron a los dirigentes de RELASAN —la asociación gremial que agrupa a los tripulantes de lanchas de práctico y remolcadores del puerto de San Antonio—, encabezada por su presidente, don Arellano, junto a Cristian y Domingo, socios y dirigentes de la organización.
Una organización nacida de la necesidad de ser vistos
RELASAN comenzó a tomar forma en 2010, impulsada por un grupo de dirigentes portuarios que prestaron su respaldo inicial a la naciente agrupación. En ese proceso fue clave la figura de Milko Caracciolo —hoy fallecido— Con el tiempo se sumaron más trabajadores hasta llegar a los cerca de 60 socios que hoy integran la organización en San Antonio. Recién en 2012 el gremio se formalizó documentalmente, dando inicio a una lucha que, según sus propios dirigentes, se extiende hasta hoy: ser reconocidos, en los hechos y en la ley, como trabajadores portuarios.
«Somos el primer eslabón en la cadena logística portuaria», repite Arellano a lo largo de la conversación. La frase no es una metáfora menor: sin el trabajo de las lanchas de práctico y los remolcadores, ningún buque puede atracar ni zarpar del puerto de San Antonio. Son ellos quienes maniobran los buques —incluidos los grandes cruceros y las motonaves de carga que no detienen su operación las 24 horas del día— antes de que cualquier otro trabajador portuario pueda comenzar su labor.
El reconocimiento que no llega
Pese a ese rol estructural, la asociación ha visto rechazada, en dos ocasiones, su solicitud formal ante la Dirección Nacional del Trabajo y el Ministerio del Trabajo para ser reconocidos como trabajadores portuarios. El argumento de los dirigentes es preciso: el artículo 133, inciso primero, del Código del Trabajo define con claridad quiénes son considerados trabajadores portuarios, y ellos cumplen esa definición. Sin embargo, la interpretación de la autoridad laboral ha sido distinta.
La paradoja es que otras instituciones sí los han reconocido en ese carácter: la propia empresa portuaria y la autoridad marítima han declarado, en distintos momentos, que los tripulantes de remolcadores y lanchas participan efectivamente de las faenas portuarias de San Antonio. Formalmente, sin embargo, siguen siendo clasificados como marinos mercantes, una categoría que —explican— no contempla los beneficios asociados a la condición de trabajador portuario, particularmente de cara a la jubilación, después de años de trabajo físicamente exigente: guardias nocturnas, turnos continuos y una alta exposición a condiciones climáticas adversas.
«Es nuestra lucha constante», resume el presidente de RELASAN, quien recuerda que en los últimos años las puertas institucionales se han ido cerrando: una solicitud de reunión con la delegación presidencial lleva más de 30 días sin respuesta, y el municipio tampoco ha recibido a la organización.
Una historia que enseña: organización, pérdida y reconstrucción
Uno de los pasajes más elocuentes de la conversación es el que recuerda cómo, hace más de dos décadas, los trabajadores del sector llegaron a tener contrato indefinido y, de manera unilateral, las empresas les impusieron el término de esa relación laboral y un nuevo contrato con la mitad de la remuneración anterior, eliminando además beneficios adquiridos. Recuperar ese terreno perdido tomó más de 12 años de trabajo gremial.
Es una historia que los dirigentes cuentan hoy no como anécdota, sino como advertencia para quienes se integran al sector: la organización sindical no es un formalismo, es la única garantía de que lo conseguido no vuelva a perderse. «Que no les pase lo mismo que nos pasó a nosotros», dice uno de los dirigentes, en un llamado que trasciende lo gremial y se convierte en un mensaje intergeneracional.
Las condiciones, reconocen, han mejorado con el tiempo: hoy existe mayor regulación de las horas de descanso y de las condiciones a bordo, algo que antes no ocurría, cuando cada tripulante debía llevar incluso su propia comida. Ese avance, subrayan, es resultado directo de la capacidad de organizarse y, más recientemente, de la visibilidad que han ganado gracias a las redes sociales y a espacios como el que les ofreció Galáctika Media.
Del gremio a la comunidad: la vocación social de RELASAN
Más allá de la negociación laboral, los dirigentes destacan que la organización ha ido ampliando su rol hacia el ámbito comunitario: participación en actos sociales, actividades benéficas y colaboración con la comunidad de San Antonio. Es, en sus palabras, una forma de que el vecino que camina por la costanera y observa las maniobras portuarias comience a conocer también a las personas y las condiciones detrás de ese trabajo.
Ese vínculo entre gremio y comunidad no es casual. En un contexto donde buena parte del trabajo portuario ha sido históricamente invisible para la ciudadanía, la comunicación —a través de medios comunitarios, redes sociales y espacios de conversación pública como el propio programa— se transforma en una herramienta de reconocimiento social, no solo de reivindicación laboral.
El megapuerto: entre el progreso anunciado y la ciudad postergada
La conversación se abre, hacia el final, a un tema que atraviesa a toda la provincia: el proyecto del megapuerto de San Antonio y su proceso de automatización, que los dirigentes estiman podría alcanzar el 80% de las operaciones.
Las posturas, admiten, no son uniformes dentro de la propia organización. Para uno de los dirigentes, el proceso de automatización podría ir en desmedro del trabajador portuario, incluso cuando genere beneficios económicos para el país a través de la cadena logística. Otro dirigente pone el acento en un punto distinto, pero convergente: la preocupación no debería estar solo en la infraestructura portuaria hacia el mar, sino en lo que ese desarrollo deja —o no deja— a la ciudad.
El ejemplo que usan es contundente: calles deterioradas, camiones de treinta toneladas circulando por vías como Barros Luco y calle Curicó sin que el pavimento esté preparado para ese tránsito, un terminal de buses que hoy ya está colapsado y que, advierten, deberá recibir a miles de trabajadores flotantes cuando comience la construcción del megapuerto. A ello se suma la imagen de un edificio municipal incendiado que continúa sin reconstruirse, y sectores como Barros Luco que describen como una zona con edificaciones abandonadas, sin proyectos ni inversión visible.
El contraste que más resuena en la conversación es simbólico: San Antonio ve pasar por su puerto vehículos eléctricos de última generación en tránsito hacia otros destinos, sin que la ciudad misma cuente con esa tecnología en sus propias calles. Para los dirigentes, ese contraste resume la desigualdad entre el desarrollo del giro portuario y el desarrollo de la ciudad que lo alberga.
Su planteamiento no es una oposición al progreso, sino una condición: que los beneficios tributarios y económicos que genera la actividad portuaria —hoy destinados mayoritariamente al gobierno central— puedan quedar, al menos en parte, en San Antonio, y que la discusión sobre el megapuerto incorpore la voz de todos los actores de la ciudad, no solo las cifras de transferencia de carga que exhibe la empresa portuaria.
El llamado final: salir de la oficina y mirar la ciudad
La conversación cierra con un mensaje directo a las autoridades: conocer la ciudad «en terreno», no solo desde la oficina, como condición para tomar decisiones que efectivamente respondan a sus necesidades. Los dirigentes plantean además la necesidad de una mesa portuaria de conversación permanente, que permita visibilizar a todos los gremios y organizaciones sindicales vinculadas al mundo portuario y a la ciudad.
Es, en el fondo, un llamado a un modelo de comunicación distinto: uno que no se limite a anunciar cifras récord de transferencia de carga, sino que incorpore la experiencia cotidiana de quienes sostienen, literalmente, la primera maniobra de cada buque que entra o sale de San Antonio.







