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El Estadio Municipal Doctor Olegario Henríquez Escalante es hoy una de las obras públicas más cuestionadas de la Región de Valparaíso. Un recorrido por sus cifras, sus responsables y el costo humano de una comunidad que lleva casi una década sin un recinto deportivo digno.
Análisis periodístico elaborado por el equipo de Galactika
Una obra emblemática convertida en símbolo del abandono
El 10 de agosto de 2018 se colocó la primera piedra de lo que debía ser el nuevo orgullo deportivo del puerto: la remodelación del Estadio Municipal Doctor Olegario Henríquez Escalante. Casi ocho años después, el recinto sigue sin poder abrir sus puertas de forma completa a la comunidad que lo esperaba.
La obra concluyó su construcción entre fines de 2021 y comienzos de 2022, pero nunca pudo recibirse formalmente: catorce observaciones de carácter normativo, entre ellas fallas en la protección contra incendios de la estructura metálica, barandas y ventanales, impidieron su entrega. Desde entonces, el estadio ha quedado atrapado en un ciclo de auditorías, nuevos proyectos de obras complementarias y promesas de apertura que se postergan año tras año.
Hoy, el gobernador regional de Valparaíso ha calificado como desproporcionada la prolongación de un conflicto que, a su juicio, gira en torno a detalles técnicos menores frente a la urgencia de poner la infraestructura a disposición de la comunidad.
Los números que no cuadran
Lo que comenzó como un proyecto de $11.425 millones se ha convertido en una de las inversiones deportivas más cuestionadas del país. A la fecha, el costo acumulado del estadio supera los $21.000 millones, casi el doble del presupuesto original, sin que el recinto esté aún disponible para su uso pleno.
| Hito | Fecha / dato |
|---|---|
| Primera piedra del proyecto | 10 de agosto de 2018 |
| Costo original de la remodelación | $11.425 millones (contrato adjudicado en 2017) |
| Fin de la construcción original | Fines de 2021 / comienzos de 2022 |
| Observaciones normativas que frenaron la entrega | 14 observaciones (protección contra incendio, barandas, ventanales, etc.) |
| Recursos adicionales para obras complementarias | Cerca de $9.000–11.000 millones más |
| Inversión total acumulada | Más de $21.000 millones |
| Inicio de las obras complementarias | Marzo de 2026 |
| Plazo de ejecución contratado | 11 meses |
| Fecha de apertura proyectada | Primer semestre de 2027 (cerca de 9 años desde la primera piedra) |
Concejales de la comuna han hecho notar que solo las reparaciones solicitadas desde 2021 podrían llegar a costar, en conjunto, varias veces lo que se estimó inicialmente para la obra completa, una desproporción que alimenta las dudas ciudadanas sobre la gestión del proyecto.
¿De quién es la responsabilidad?
En febrero de 2024, la Cámara de Diputados aprobó por unanimidad el informe de la Comisión Investigadora sobre la Reposición del Estadio Municipal de San Antonio, que analizó los actos de gobierno entre marzo de 2018 y marzo de 2022. El documento repartió responsabilidades entre tres actores: la Municipalidad de San Antonio, que actuó como mandante del proyecto; el Instituto Nacional del Deporte (IND), que visó el contrato; y la Dirección Nacional de Arquitectura del Ministerio de Obras Públicas, que lo aprobó técnicamente para su licitación.
Un informe previo de la Contraloría General de la República, conocido en diciembre de 2022, había detectado documentación no habida, atribuida por la propia municipalidad a un incendio ocurrido durante el estallido social, además de anomalías en la calidad de las canchas de pasto sintético y en la cubicación de partidas de protección contra incendio que derivaron en pagos adicionales sin respaldo suficiente.
Responsabilidades señaladas
• Municipalidad de San Antonio — mandante del proyecto.
• Instituto Nacional del Deporte (IND) — visó el contrato original.
• Dirección Nacional de Arquitectura (MOP) — aprobó técnicamente la licitación.
• Administración municipal 2021–2024 apuntó al exalcalde Omar Vera y al exdirector de Secpla, Cristián Valle, por negligencias en la aprobación del diseño.
La administración municipal que ejerció el cargo entre 2021 y 2024 atribuyó las principales negligencias al exalcalde Omar Vera y al exdirector de la Secretaría Comunal de Planificación (Secpla) de ese período, Cristián Valle, por aprobar, según señalaron, un diseño con fallas relevantes. En julio de 2026, ya nuevamente al mando del municipio, el propio Omar Vera reconoció públicamente que la obra pudo haberse recibido en 2022 si hubiese existido la voluntad de resolver observaciones que, a su juicio, no eran de gran significación.
Ese cruce de responsabilidades entre administraciones sucesivas, sumado a la intervención de al menos tres reparticiones distintas del Estado, ha sido señalado por diputados de la Comisión de Deportes como una muestra de coordinación deficiente entre los organismos a cargo de un proyecto público de esta envergadura.
Uso parcial, cierre total: la cronología del hermetismo
Entre 2023 y mediados de 2025, deportistas locales pudieron usar de forma parcial y con aforos reducidos la pista atlética y la cancha del estadio, gracias a prórrogas autorizadas por la Dirección de Obras Municipales mientras se definía el inicio de las obras complementarias. Ese uso transitorio terminó cuando, en marzo de 2026, comenzaron finalmente los trabajos de reparación a cargo de una nueva empresa contratista, dejando otra vez a la comunidad deportiva sin acceso al recinto.
La Mesa Ciudadana por la Defensa y Apertura del Estadio de San Antonio ha denunciado en 2026 que las obras se desarrollan con total hermetismo: el perímetro fue cerrado con mallas de ocultamiento y hay escasa información oficial sobre el avance de los trabajos, lo que ha generado inquietud sobre el estado en que finalmente se entregará la pista atlética, expuesta al paso de maquinaria pesada.
Con el nuevo plazo contractual de once meses, si no surgen nuevas observaciones, la apertura del estadio recién se proyecta para el primer semestre de 2027, casi nueve años después de la primera piedra y cinco años después de que la construcción original estuviera terminada.
El costo humano: una generación sanantonina sin cancha
Detrás de las cifras hay una pregunta más simple y más dolorosa: ¿dónde entrenan los niños, niñas y jóvenes de San Antonio mientras el estadio permanece cerrado? El club San Antonio Unido, principal equipo de fútbol profesional de la comuna, ha debido actuar como local en el Estadio Municipal de La Pintana, a más de 100 kilómetros de distancia, por la imposibilidad de usar su propio recinto.
Diputadas que integraron la comisión investigadora han planteado que reducir el estadio a una partida presupuestaria es desconocer su valor como inversión en salud y en prevención, y como una forma concreta de cuidar a la niñez y la juventud del puerto. Esa mirada conecta directamente con lo que documenta la evidencia en salud pública: la falta de espacios deportivos seguros y cercanos golpea con más fuerza a las comunidades que ya tienen menos acceso a infraestructura recreativa, aumentando el sedentarismo, el aislamiento juvenil y la exposición a entornos de riesgo en el espacio público.
Para clubes barriales, talleres deportivos municipales y agrupaciones vecinales, la ausencia de un recinto de esta envergadura no es un detalle administrativo: es la pérdida de un punto de encuentro comunitario, un lugar de contención para adolescentes y un símbolo de identidad para una comuna que se reconoce, históricamente, como cuna de deportistas.
La mirada comunicacional: lo que urge
- Información pública y periódica sobre el avance físico y financiero de las obras complementarias, en un lenguaje simple y accesible, no solo en resoluciones administrativas.
- Instancias reales de participación para la Mesa Ciudadana y las organizaciones deportivas, que llevan años pidiendo ser parte del seguimiento del proyecto y no solo receptoras de anuncios.
- Rendición de cuentas clara y conjunta entre el municipio, el Instituto Nacional del Deporte y el Ministerio de Obras Públicas, de modo que la ciudadanía entienda quién responde por cada nuevo atraso, en lugar de asistir a un cruce de responsabilidades entre administraciones.
- Una narrativa que reponga el sentido original del proyecto: el estadio como inversión social y sanitaria para la niñez y la juventud, no como una cifra más en una larga lista de obras públicas postergadas.
El desafío pendiente
San Antonio no necesita otro anuncio de reapertura: necesita que la próxima fecha se cumpla. Mientras eso ocurre, cada mes de cierre es un mes menos de entrenamientos, de partidos locales, de encuentros comunitarios y de una infraestructura que, pagada íntegramente con recursos públicos, sigue sin devolverle a su comunidad lo que le prometió hace casi una década.
La reconstrucción de la confianza pasa, otra vez, por la comunicación: mostrar avances verificables, nombrar responsables sin ambigüedad y, sobre todo, escuchar a quienes durante años han pedido lo mismo, con paciencia cada vez más agotada: una cancha para entrenar, un lugar seguro para sus hijos y un estadio que, por fin, abra sus puertas.




