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Cuna del veraneo popular chileno, hoy Cartagena carga con el estigma del abandono y la pobreza municipal. La profesora María Ester Moreno, del Comité Ambiental de Cartagena, cuenta cómo un grupo de estudiantes rescató hace más de 25 años un basural convertido hoy en humedal protegido, y por qué insiste en que la única salida real está en la propia comunidad organizada.
Reportaje elaborado desde la entrevista de María Ester Moreno en el programa Raíces Costeras, de Radio Galáctika
El balneario que vio nacer el veraneo popular
Cartagena es, según describe María Ester Moreno, el balneario madre de la provincia de San Antonio, y probablemente de buena parte de Chile: el lugar donde la burguesía santiaguina comenzó a veranear, dejando como herencia una importante infraestructura arquitectónica antigua, hoy en buena parte deteriorada. La llegada del tren en 1921 amplió esa historia, permitiendo que familias de menores recursos también accedieran a veranear en sus playas.
Desde los años 30, la clase trabajadora santiaguina comenzó a llegar con más fuerza, al punto de que varios sindicatos de grandes empresas —Moreno menciona a modo de ejemplo a Falabella y Cristalerías Chile— construyeron casas de descanso para sus trabajadores en la comuna. Hoy, buena parte de esos edificios se encuentra abandonada, un patrimonio social y arquitectónico que la comunidad todavía busca poner en valor.
Un humedal salvado por estudiantes
Uno de los hitos que más destaca Moreno es el rescate del humedal de Cartagena, compuesto por una laguna semiartificial, un estero y un estuario. El proceso comenzó alrededor de 1998, cuando el grupo ecológico Cartagena Joven —integrado en ese entonces mayoritariamente por estudiantes de enseñanza media del Liceo Poeta Vicente Huidobro, entre quienes se contaba la propia Moreno— se sumó al trabajo iniciado por José Luis Brito y su agrupación Antípoda para limpiar lo que en ese momento era, según su descripción, un auténtico macrobasural.
Ese esfuerzo sostenido en el tiempo permitió que el humedal de Cartagena fuera reconocido por el Ministerio de Medio Ambiente como el segundo humedal urbano protegido de Chile, después del de Arica. Hoy, quienes lideraron ese proceso como estudiantes conforman el actual Comité Ambiental de Cartagena, que continúa el trabajo de conservación casi tres décadas después.
Radiografía de Cartagena
| Dato | Detalle |
|---|---|
| Entrevistada | María Ester Moreno, profesora e integrante del Comité Ambiental de Cartagena |
| Programa | Raíces Costeras, conducido por Radio Galáctika |
| Población (Censo 2017) | Entre 22.000 y 23.000 habitantes |
| Población proyectada 2026 | Cerca de 25.000 habitantes |
| Ruralidad | Solo 8,3% de la población es rural, pese a que el 90% del territorio comunal lo es |
| Hito fundacional del activismo | Grupo ecológico Cartagena Joven, nacido en 1998 en el Liceo Poeta Vicente Huidobro |
| Humedal de Cartagena | Compuesto por laguna semiartificial, estero y estuario; segundo humedal urbano reconocido por el Ministerio de Medio Ambiente en Chile, después de Arica |
| Amenaza en evaluación | Expansión del megapuerto de San Antonio, con observaciones técnicas presentadas por la comunidad |
| Principales problemas comunales | Basura y perros abandonados, según la propia entrevistada, como los conflictos más persistentes |
Las quebradas: la deuda urbana pendiente
Además del humedal principal, Moreno subraya el valor de las quebradas de la comuna, por donde escurre agua hacia el mar cada vez que llueve, funcionando como pequeños humedales propios. El comité trabaja actualmente en la recuperación de la quebrada Las Rosas, ubicada hacia la salida de Cartagena en dirección a Santiago, y mantiene conversaciones con el Comité Ambiental de El Tabo para coordinar la protección del estero La Cigüeña, un curso de agua compartido entre ambas comunas.
El problema de fondo, explica, es la falta histórica de planificación urbana: muchas familias ocuparon estas quebradas para construir sus viviendas, simplemente porque eran los espacios disponibles sin necesidad de comprar terreno. Moreno es enfática en que hoy esas familias forman parte de esa realidad geográfica, por lo que cualquier estrategia de recuperación debe hacerse con sensibilidad social, no solo ambiental.
Leyes que existen pero no se aplican
Consultada sobre el rol de la autoridad, Moreno fue clara: considera que el marco legal chileno en materia ambiental ya existe —mencionó específicamente la ley de bolsas plásticas, la ley de protección a las mascotas abandonadas y la ley de humedales urbanos—, pero que buena parte de esas normas no se aplica con la fiscalización necesaria. En su diagnóstico, la ciudadanía chilena responde más a la sanción concreta que a la sola conciencia ambiental, por lo que ha planteado a las autoridades comunales la necesidad de contar con un equipo de inspectores especializados en fiscalización ambiental.
Pese a esa crítica, reconoce avances reales en la conciencia ciudadana desde que comenzó su trabajo en 1998: describe a las nuevas generaciones como más dispuestas a reciclar, a comprender el valor de un humedal y a involucrarse en el cuidado de su entorno, algo que, dice, no era tan común entre las generaciones anteriores.
El megapuerto y la pregunta por el progreso
Uno de los frentes más activos del Comité Ambiental de Cartagena hoy es el proyecto de expansión del megapuerto de San Antonio, que según Moreno afectará directamente a la comuna. El comité presentó un documento de observaciones técnicas elaborado con respaldo científico, no solo con base en percepciones, y ha seguido participando en las siguientes etapas del proceso de evaluación.
Frente al argumento de que el proyecto generará empleo, Moreno plantea una pregunta de fondo: de qué sirve un buen sueldo si el balneario que sostiene la identidad y la calidad de vida de la comuna termina deteriorándose de forma irreversible. Es, a su juicio, una tensión generacional real —más marcada entre los vecinos de mayor edad— entre la idea de progreso económico inmediato y la sostenibilidad ambiental de largo plazo.
Pobreza municipal, estigmatización y abandono
Moreno conecta el deterioro ambiental con un problema estructural de recursos: describe a Cartagena como un balneario históricamente pobre, en parte porque las empresas que operan en su territorio —mencionó particularmente a la minería— tributan en otras comunas, como Las Condes, y no en Cartagena. Esa combinación de baja recaudación municipal y un abandono que se remonta a la década de 1970, cuando buena parte de la población de mayores recursos migró hacia otros balnearios, dejó a la comuna con un parque importante de viviendas patrimoniales deshabitadas.
A esa realidad se suma la expansión hacia parcelaciones en la parte alta de la comuna, ocupadas mayoritariamente por adultos mayores que no cuentan con agua potable, pavimentación ni alcantarillado, y que en invierno enfrentan además los efectos del barro y la falta de un sistema de canalización de aguas lluvia.
La respuesta: comunidad organizada, no varita mágica
Frente a la estigmatización que asocia a Cartagena con la delincuencia y el abandono, Moreno fue categórica: ninguna autoridad ni candidato va a resolver por sí solo esta crisis histórica, social e ideológica, en sus propias palabras. Su diagnóstico es que la única salida real está en que la propia comunidad se organice: activar juntas de vecinos, cuidar los espacios comunes y gestionar colectivamente soluciones concretas, como mejorar el alumbrado público, en lugar de esperar una solución externa.
Cerró su intervención con una mirada esperanzadora sobre el capital cultural de la comuna: mencionó el legado del poeta Vicente Huidobro, la existencia de artistas y poetas populares locales, y la feria del libro que la comunidad organiza cada año con recursos propios y de forma completamente voluntaria. Para Moreno, ese tipo de iniciativas nacidas desde los propios vecinos tienen un valor mayor que cualquier intervención impuesta desde la autoridad.
La mirada comunicacional: por qué importa este testimonio
- Visibilizar el patrimonio comunitario más allá de las cifras de pobreza: contar la historia del humedal, de los edificios sindicales y de la feria del libro ayuda a construir una narrativa de Cartagena que no se reduce al estigma de la inseguridad.
- Explicar la brecha entre ley y aplicación: buena parte de la ciudadanía desconoce que existen leyes de protección ambiental vigentes; comunicar que el problema está en la fiscalización, no en el vacío legal, orienta mejor la demanda ciudadana.
- Conectar el activismo intergeneracional: el paso de Cartagena Joven al actual Comité Ambiental muestra el valor de sostener el relevo generacional en la defensa del territorio a lo largo de casi tres décadas.
- Dar cuenta de la tensión legítima entre empleo y medioambiente: en lugar de simplificarla, el testimonio de Moreno permite exponer con matices por qué una comunidad puede cuestionar un proyecto que promete empleo si percibe una amenaza a su sustento de largo plazo.
El cierre
Al finalizar la conversación, Moreno insistió en que la salida a la crisis que enfrenta Cartagena no vendrá de una solución mágica ni de una sola autoridad, sino del trabajo sostenido de una comunidad que decide cuidarse a sí misma. Ese mismo espíritu, dijo, es el que ha permitido sostener durante casi tres décadas la defensa de un humedal que comenzó como un basural y que hoy es reconocido oficialmente como patrimonio ambiental del país.




