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junio 24, 2026
Mientras el terminal portuario bate récords históricos de carga, la provincia arrastra bajos niveles de calidad de vida urbana, empleo precario y una desigualdad que el crecimiento del comercio exterior no logra revertir.
Por Alfredo Cueto

El Puerto de San Antonio cerró 2025 como el más grande de Chile: 23,8 millones de toneladas transferidas y más de dos millones de contenedores movilizados, ambas cifras récord. Pero a pocas cuadras de los frentes de atraque, la provincia que lleva su nombre continúa entre las de menor calidad de vida urbana de la región de Valparaíso, con un mercado laboral marcado por la informalidad y los empleos estacionales del rubro portuario. La paradoja es la misma de siempre: el buque insignia del comercio exterior chileno no arrastra consigo el desarrollo de su propia comuna.

Un puerto que no deja de crecer
La Empresa Portuaria San Antonio (EPSA) informó que en 2025 el sistema portuario movilizó 23.855.311 toneladas de carga, un 3% más que el año anterior y la cifra más alta de su historia. El impulso lo dio la carga contenedorizada, que sumó 18.199.722 toneladas (+3%), mientras que la carga fraccionada creció 23% y el desembarque de vehículos aumentó 15%, hasta 265.774 unidades. Por primera vez, el puerto superó los dos millones de TEU en un año calendario: 2.060.244 contenedores, un salto de 14% respecto de 2024.
El buen momento se ha sostenido en 2026: entre enero y febrero, los terminales del recinto movilizaron 3.861.752 toneladas, un 2,2% más que en igual período del año anterior, arrastrado nuevamente por la carga contenerizada. Los dos concesionarios principales, San Antonio Terminal Internacional (STI) y DP World, concentran en conjunto cerca del 99% del movimiento de contenedores, un indicio de la escala industrial que ha alcanzado la operación.
Para la Empresa Portuaria, el resultado «refuerza la solidez del sistema portuario local» y su rol como «motor estratégico del comercio exterior chileno». Es, en los hechos, el mayor nodo logístico del país: por sus muelles transita buena parte de las exportaciones agrícolas y mineras que sostienen la economía nacional.
El otro San Antonio: el de las cifras sociales
El contraste aparece cuando se mira el mercado laboral y la calidad de vida de la provincia portuaria. Según el Índice de Calidad de Vida Urbana (ICVU), elaborado por la Cámara Chilena de la Construcción y el Instituto de Estudios Urbanos y Territoriales UC, la comuna de San Antonio se ubica en el nivel «medio bajo» del país, muy lejos de comunas como Concón o Viña del Mar. El propio ICVU mide condiciones laborales —informalidad, calidad del empleo e ingresos— junto con salud, medioambiente, conectividad y vivienda, dimensiones en las que San Antonio arrastra brechas persistentes frente al resto de la región.
La fotografía más reciente del mercado del trabajo, sin embargo, complica una lectura simple. Según la Encuesta Nacional de Empleo del INE para el trimestre marzo–mayo de 2026, la tasa de desocupación de la región de Valparaíso llegó a 10,2%, con la provincia de Marga Marga a la cabeza (11,7%) y la de San Antonio en el otro extremo, con apenas 7,5%: la más baja entre las provincias de la región. El director del Observatorio Laboral regional, Drago Radovic, explicó que la fuerza de trabajo de San Antonio —cerca de 90 mil personas— es sustancialmente menor que la de Marga Marga (200 mil), lo que hace más manejable la tasa de desempleo formal, incluso cuando la calidad de esos empleos no necesariamente mejora.
«Estamos hablando de que hay dos provincias, San Antonio y San Felipe, con una fuerza de trabajo mucho menor. Impactar la tasa a veces puede ser más fácil de lo que se piensa; eso no dice nada sobre la calidad del empleo que se está generando»
— Drago Radovic, director del Observatorio Laboral de la región de Valparaíso
La propia EPSA ha reconocido que el auge de la carga se traduce en «oportunidades de empleo para San Antonio», en referencia a la demanda de trabajadores portuarios, transportistas y personal logístico. El problema, coinciden autoridades locales y observadores del mercado laboral, es que buena parte de ese empleo es estacional, subcontratado o ligado a temporadas específicas —como la exportación de cerezas, que en la última campaña movilizó cerca de 347 mil toneladas en contenedores refrigerados—, lo que deja a miles de familias sin estabilidad laboral durante el resto del año.
La megatoma que expone la brecha habitacional
El símbolo más visible de esa desigualdad es la situación habitacional. La megatoma del cerro Centinella, en San Antonio, llegó a albergar a más de 4.100 familias en asentamientos irregulares, un fenómeno que las autoridades regionales vinculan directamente con la falta de vivienda formal y de planificación urbana en una comuna que, paradójicamente, genera uno de los mayores flujos de comercio exterior del país. Los desalojos en curso durante los últimos meses han puesto en el centro del debate público la pregunta de fondo: ¿dónde queda, en el reparto de la riqueza portuaria, la comunidad que vive junto al puerto?
Especialistas en desarrollo urbano apuntan a un patrón que se repite en distintas ciudades-puerto de Chile: la actividad portuaria genera valor agregado que se concentra en las empresas concesionarias, el fisco y las cadenas logísticas nacionales, mientras que buena parte de la mano de obra local queda relegada a empleos de baja calificación, bajos salarios relativos y escasa proyección de carrera. El resultado es una economía de enclave, donde el desempeño macro del terminal no necesariamente se traduce en bienestar para los hogares de la comuna.
Dos velocidades, una misma provincia
El contraste entre ambas realidades no es nuevo, pero los datos de 2025 y 2026 lo vuelven a poner en evidencia: un puerto que rompe récords mes a mes y una comuna que, según los índices de calidad de vida urbana, sigue rezagada frente al resto de la región de Valparaíso. La discusión pendiente —coinciden actores del mundo portuario, académico y municipal— es cómo traducir el éxito logístico en inversión social, vivienda formal y empleo de calidad para los cerca de 90 mil habitantes que integran la fuerza de trabajo de la provincia.
Mientras el debate avanza, San Antonio sigue exhibiendo dos caras: la de un gigante logístico que conecta a Chile con el mundo, y la de una comunidad que observa, desde los cerros que rodean la bahía, cómo pasa la carga sin que termine de llegar el desarrollo.




