
«Un barco foráneo»: el diagnóstico de un dirigente portuario sobre el puerto que mira al mar y le da la espalda a San Antonio
julio 30, 2026San Antonio no es solo un puerto: el diagnóstico ambiental de un profesor que defiende su ciudad desde la sala de clases
Pablo Malhue enseña en un colegio que forma técnicos portuarios y, al mismo tiempo, defiende los humedales que ese mismo desarrollo amenaza. En esta entrevista de Raíces Costeras, el biólogo y docente aborda desde un dispositivo de rastreo que puso en riesgo a un ave nativa hasta la falta de diversificación laboral en una ciudad que, según su diagnóstico, sigue mirándose casi exclusivamente a través de su puerto.
Reportaje elaborado desde Radio Galáktika Media
Una ciudad, muchos San Antonios
San Antonio es la comuna más poblada de su provincia: según el Censo de 2017 tenía 91.000 habitantes, cifra que hoy se proyecta entre 97.000 y 98.000. Es, además, una ciudad en tensión permanente por su doble condición de puerto y territorio de tránsito: ofrece pocas alternativas de empleo fuera del sector portuario y convive con una naturaleza que enfrenta amenazas constantes, según describe el programa Raíces Costeras al presentar a su invitado de esta entrega, Pablo Malhue.
Malhue es biólogo, docente en el Instituto Comercial de San Antonio y miembro de la agrupación Ojos de Mar, ligada a la defensa de las lagunas costeras del sector. Desde esa doble identidad —profesional de la educación y defensor ambiental activo— ofrece una mirada poco habitual sobre la comuna: ni completamente crítica del desarrollo portuario, ni tampoco condescendiente con sus falencias.
Más que un puerto: la riqueza que pocos ven
Para Malhue, reducir San Antonio a la etiqueta de «ciudad puerto» invisibiliza buena parte de su valor real. Prefiere describirla como una ciudad costera cuyos ecosistemas marinos e interiores proveen servicios ambientales que sostienen dinámicas sociales y económicas mucho más amplias que la actividad portuaria: la gastronomía de caleta, el turismo asociado a sus humedales y una biodiversidad que, según destaca, incluye 189 especies registradas en la desembocadura del río Maipo, el segundo humedal más relevante de Chile en clima mediterráneo, solo superado por el río Lluta en Arica.
Esa riqueza, sostiene, convive con una economía local que sigue apostando de forma casi monotemática al empleo portuario, replicando un patrón que él observa en sus propios estudiantes: la costumbre de asumir una profesión familiar antes que explorar otras alternativas que la propia geografía de la comuna podría sostener, como el turismo de naturaleza o la gastronomía especializada.
Enseñar a proteger: alfabetización ambiental desde la sala de clases
Malhue reconoce que su doble rol genera extrañeza incluso entre autoridades: enseña en un colegio técnico-profesional que forma, entre otras especialidades, a futuros trabajadores de operación portuaria, mientras es reconocido públicamente por su defensa de las lagunas de Ojos de Mar y sus críticas al proyecto del megapuerto. Lejos de ver una contradicción, plantea que su labor apunta a algo más amplio: la alfabetización científica y ambiental de toda la ciudadanía, sin importar la especialidad técnica que cada estudiante elija.
Ese enfoque lo ha llevado a compartir mesas técnicas sobre el megapuerto en un rol y, al día siguiente, sentarse con esas mismas contrapartes representando a su colegio en temas completamente distintos. Es, según explica, parte de mantener una separación profesional clara: una cosa es defender el medio ambiente y otra distinta es exigir que las empresas inviertan realmente en las personas, incluyendo a estudiantes extranjeros o menores de edad que, por su situación migratoria o etaria, ni siquiera pueden acceder a hacer sus prácticas profesionales dentro del recinto portuario que se supone los está formando.
El caso del pilpilén: cuando los estudios de impacto ambiental fallan
| Dato | Detalle |
|---|---|
| Entrevistado | Pablo Malhue, biólogo, docente y miembro de la agrupación Ojos de Mar |
| Programa | Raíces Costeras, conducido por el periodista Diego Rojas en Radio Galáktika |
| Comuna | San Antonio, la más poblada de la provincia |
| Población proyectada 2026 | Entre 97.000 y 98.000 habitantes (Censo 2017: 91.000) |
| Humedal destacado | Desembocadura del río Maipo, con 189 especies registradas |
| Relevancia comparada | Segundo humedal más importante de Chile en clima mediterráneo, tras el río Lluta en Arica |
| Caso documentado | Dispositivo de rastreo («AirTag») instalado a un pilpilén juvenil, equivalente a ~11% de su peso corporal |
| Entidad reguladora del hallazgo | Servicio Agrícola y Ganadero (SAG), a cargo de autorizar estudios con fauna nativa |
| Colegio donde enseña | Instituto Comercial de San Antonio, con formación técnico-portuaria |
Consultado por las principales amenazas que observa sobre los ecosistemas que defiende, Malhue apuntó menos a la construcción misma de los proyectos y más a la calidad de los documentos que los evalúan: los estudios de impacto ambiental y sus líneas de base, que son de acceso público y que, según su experiencia como biólogo, presentan falencias graves cuando se revisan en detalle.
El caso del pilpilén, según el testimonio del entrevistado
• Ave juvenil de ~490 gramos, aún sin volar, en las dunas de Ojos de Mar y Santo Domingo.
• Dispositivo de rastreo instalado: ~20 gramos, cerca del 11% de su peso corporal.
• Autorizado, según su relato, como GPS de uso específico y no como dispositivo de uso masivo.
• Contradicciones detectadas en los documentos sobre la relevancia de la especie en el sector.
Como ejemplo, relató el hallazgo de un dispositivo de rastreo de tipo GPS instalado a un pilpilén, ave que anida en las dunas de Ojos de Mar y Santo Domingo, en el marco de estudios asociados al megapuerto. El ejemplar, un juvenil de unos 490 gramos que todavía no aprendía a volar, portaba un dispositivo de cerca de 20 gramos: aproximadamente un 11% de su peso corporal, muy por sobre los estándares éticos recomendados para el monitoreo de fauna silvestre con huesos neumáticos como los de las aves.
Según Malhue, la autorización entregada por el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) habría sido solicitada como un dispositivo GPS de uso específico, sin especificar que en la práctica se trataba de un producto de uso masivo, no diseñado para las características de esa especie. A ello sumó otro hallazgo: contradicciones dentro de los propios documentos de evaluación ambiental, que en algunos pasajes calificaban a ciertas especies como relevantes para el ecosistema, y en otros las describían como inexistentes en el mismo sector que organizaciones ambientalistas buscan proteger.
«Permisología»: el debate que amenaza con bajar los estándares
Malhue fue crítico del concepto de «permisología», instalado en el debate público por parte de sectores empresariales y políticos que consideran excesivos los actuales estándares regulatorios ambientales. A su juicio, el problema no es que existan demasiados protocolos, sino que muchas instituciones no logran cumplir siquiera los mínimos ya establecidos, como evidenciaría el caso del pilpilén.
Planteó, además, una reflexión de contexto regional: mientras en países ya industrializados existe una tendencia a revisar críticamente los efectos del extractivismo histórico sobre sus propios ecosistemas, en América Latina se observa la tendencia inversa, hacia una mayor permisividad. Advirtió sobre el riesgo de replicar ese camino en territorios como el litoral central de Chile, que todavía conservan ambientes relativamente prístinos, a diferencia de regiones que ya perdieron esa oportunidad.
Instituciones tibias, comunidad empoderada
Sobre el rol de las autoridades locales frente a estos procesos, Malhue fue enfático en describirlo como «tibio». Contrastó, por ejemplo, la postura del alcalde de Santo Domingo, quien se ha manifestado en contra de cierto tipo de crecimiento asociado al megapuerto, con la del alcalde de San Antonio, a quien ubicó promocionando el proyecto en un evento internacional en Colombia. Ese contraste, sostuvo, evidencia la falta de una postura unificada y de procesos participativos más visibles desde el propio municipio de San Antonio.
Pese a ese diagnóstico, Malhue matizó que la fuerza ambiental de la comuna no depende principalmente de sus autoridades, sino de la propia ciudadanía organizada, incluyendo a actores que suelen mirarse como contrapuestos a la agenda ambiental: los propios trabajadores portuarios, a quienes describió como profundamente empoderados y responsables, en muchos casos, de construir con sus propios recursos calles, escuelas y viviendas de la comuna. Aclaró que su crítica no apunta a esas familias, sino a las gerencias de los grandes proyectos, que en su diagnóstico generan expectativas de progreso sin abordar con seriedad procesos como la automatización, para los cuales, advirtió, los actuales trabajadores portuarios no están siendo capacitados a tiempo.
El tejido social: de la revuelta social a la fragmentación pandémica
Consultado sobre el estado del tejido social local tras la revuelta de octubre de 2019 y la pandemia, Malhue reconoció percibir cierta individualización de la ciudadanía y un alejamiento de las luchas colectivas en el período reciente. Sin embargo, desde su experiencia en el aula, identifica una paradoja interesante en torno a la conciencia ambiental de sus propios estudiantes.
Explicó que muchos jóvenes que viven en tomas o que deben restringir su consumo de agua y electricidad por razones económicas desarrollan, casi sin proponérselo, conductas proambientales que en el colegio logran resignificar como un aporte real al cuidado del entorno. Contrastó esa realidad con la de sectores de mayores recursos que, pese a manejar un discurso ambiental más sofisticado —reciclaje, vida saludable—, mantienen patrones de consumo poco sostenibles, como el recambio constante de dispositivos electrónicos o ropa de fast fashion.
Diversificación económica como resiliencia ecológica
Uno de los planteamientos más elaborados de Malhue fue una analogía entre ecología y desarrollo urbano: así como los ecosistemas homogéneos, con poca diversidad de especies, son los más propensos al colapso ante cualquier perturbación, las ciudades que concentran su economía en un solo sector quedan igualmente expuestas. Si ese sector entra en crisis, argumentó, arrastra a toda la comunidad con él.
Por eso insistió en la necesidad de diversificar la matriz laboral de San Antonio más allá del sector portuario, incorporando con mayor fuerza la salud, la educación, el turismo y la gastronomía como sectores productivos reales, y no solo como atractivos secundarios. Lamentó que, pese al creciente número de centros de formación técnica en la comuna —mencionó al CFT estatal, el Andrés Bello y la próxima llegada del CFT de la Universidad Católica de Valparaíso—, ninguno de ellos ofrezca aún carreras ligadas directamente al ámbito ambiental o gastronómico, pese a que muchos colegios de la zona ya forman a sus estudiantes con ese enfoque.
La mirada comunicacional: por qué importa este testimonio
- Visibilizar el acceso ciudadano a la información ambiental: pocos vecinos saben que las adendas de los estudios de impacto ambiental son documentos públicos que cualquier persona puede revisar y observar; comunicar ese derecho amplía la capacidad de fiscalización ciudadana.
- Explicar con rigor técnico, no solo con indignación: el caso del pilpilén ilustra el valor de contar con voceros con formación científica capaces de explicar por qué una falla regulatoria es grave, más allá de la consigna.
- Evitar la falsa dicotomía entre trabajadores y ambientalistas: el testimonio de Malhue rompe con el estereotipo de que defender el medio ambiente implica estar en contra de los trabajadores portuarios, distinguiendo con claridad entre la crítica a las gerencias y el respeto por las familias que sostienen la actividad portuaria.
- Dar espacio a las voces educativas: los docentes que trabajan la alfabetización ambiental en las aulas cumplen un rol formativo que rara vez se documenta fuera del ámbito escolar, y que resulta clave para sostener el relevo generacional de la defensa ambiental.
El cierre: seguir viendo al ave en su espacio natural
Al cierre de la conversación, Malhue expresó su esperanza en las nuevas generaciones de estudiantes que ha visto egresar desde sus primeras investigaciones científicas escolares, varios de los cuales hoy se dedican profesionalmente a la protección ambiental. Resumió su aspiración con una frase sencilla: espera que, en el futuro, la comunidad de San Antonio pueda seguir viendo a sus aves en los espacios naturales que habitan, y no únicamente a través de una fotografía.




