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En El Tabo, la comuna con mayor proporción de adultos mayores de la provincia de San Antonio, un santuario de la naturaleza protege a la única población conocida de una especie en peligro crítico de extinción. Raíces Costeras conversó con el botánico Eric Rojas, de la Fundación Territorio Costero, sobre lo que está en juego cuando un ecosistema formado durante miles de años se mide contra la presión inmobiliaria y la desidia institucional.
El programa Raíces Costeras, producido por Radio Galáktika Media y conducido por el periodista Diego Rojas, dedicó su más reciente episodio a El Tabo, comuna que según el censo de 2017 concentraba cerca de 13 mil habitantes, con un 25% de población sobre 65 años —una de las proporciones más altas de la provincia de San Antonio— y una población rural marginal, concentrada mayoritariamente en Las Cruces, El Tabo y El Tabo Alto. En ese territorio se emplaza el Santuario de la Naturaleza Gota de Leche, un campo dunar de aproximadamente 270 hectáreas que fue el eje central de la conversación con Eric Rojas, botánico y miembro del comité científico de la Fundación Territorio Costero.
Un ecosistema irrepetible, moldeado durante milenios
Rojas explicó que Gota de Leche es uno de los últimos remanentes de campo dunar de arenas rubias que subsisten en la provincia, a diferencia de las dunas de arenas más oscuras presentes en Cartagena o Santo Domingo. Se trata, además, de formaciones geológicas cuya conformación —el desplazamiento de arena desde la playa hacia el interior por acción del viento— toma miles de años, lo que vuelve a este tipo de ecosistema prácticamente irreproducible en escalas de tiempo humanas.
“Si yo extraigo toneladas y toneladas de arena, esa arena no se va a reponer ni en cien años. Mis hijos no van a ver restaurada la duna, porque son procesos ecológicos muy complejos y muy lentos.”
Esa lentitud geológica es, según el especialista, la clave para entender por qué cualquier intervención —desde la extracción de áridos hasta el paso reiterado de vehículos motorizados— tiene un costo ecológico que excede varias generaciones humanas. El botánico citó como evidencia el paño de terreno donde antes se extraía arena dentro del propio santuario: visto desde el aire, el sector muestra hoy suelo desnudo y compactado en lugar de duna activa, un contraste que —sostuvo— hace visible la irreversibilidad del daño.
Una especie que solo existe en un lugar del planeta
El valor biológico de Gota de Leche se sostiene, en gran medida, en la presencia de Astragalus trifoliatus, conocida localmente como “hierba del Tabo” o “garbancillo”, una especie catalogada en peligro crítico de extinción y cuya única población documentada históricamente se encontraba en este campo dunar. Rojas detalló que en el último año la fundación registró y publicó el hallazgo de una segunda población, de menor tamaño, bajo el faldeo del complejo San Alfonso del Mar, en un remanente dunar contiguo.
El santuario alberga además otras especies vegetales en categorías de conservación —como el naranjillo y el itigu— y fauna nativa como el cururo, un roedor endémico. Para Rojas, ese conjunto convierte a la duna en algo más que un refugio climático: la describió como un reservorio de biodiversidad que, a la vez, cumple una función de barrera física frente a eventos como tsunamis, al actuar como amortiguador natural entre el mar y las zonas habitadas.
Extracción de áridos, vehículos y expansión inmobiliaria
El relato de Rojas identificó tres frentes de presión antrópica sobre el santuario. El primero, la circulación de vehículos 4×4 y motocicletas dentro del campo dunar, que erosiona el sustrato y daña directamente a la hierba del Tabo y otras especies. El segundo, hechos de extracción ilegal de áridos ocurridos entre 2015 y 2019, por los cuales la fundación mantiene actualmente una demanda contra los responsables. El tercero, la presión inmobiliaria sobre el borde costero, que Rojas comparó con procesos ya ocurridos en Concón y, más cerca, en el propio litoral de El Tabo con la construcción del complejo San Alfonso del Mar.
“Las principales amenazas son, tristemente, de efecto antrópico: vehículos motorizados, perros de libre deambular, inmobiliarias que depredan el hábitat y quieren posicionarse dentro de este campo de dunas, como lo hicieron en Concón o aquí mismo en Algarrobo.”
A esas presiones directas se suma, según el entrevistado, el avance del cambio climático y de la desertificación que progresa de norte a sur, fenómenos que —dijo— actúan como telón de fondo estructural sobre un ecosistema ya sometido a múltiples tensiones puntuales.
Qué protege —y qué no protege— la figura de santuario
Uno de los aportes más relevantes de la conversación fue la precisión sobre los alcances reales de la declaratoria de santuario de la naturaleza que ampara a Gota de Leche desde su reconocimiento formal. Rojas explicó que esta categoría obliga a que cualquier intención de edificar dentro del área protegida pase obligatoriamente por un proceso de evaluación de impacto ambiental, y que vuelve ilegal, sin excepción, la extracción de áridos dentro de sus límites. Es precisamente esa figura legal la que sustenta la acción judicial que la fundación mantiene abierta por la extracción de arena detectada entre 2015 y 2019.
Con todo, el propio relato deja en evidencia los límites de esa protección: la declaratoria opera dentro del polígono del santuario, pero no impide la construcción de proyectos inmobiliarios de gran escala en sus bordes inmediatos, como ocurrió con San Alfonso del Mar, ni resuelve por sí sola el control efectivo del ingreso de vehículos motorizados, que según Rojas continúa siendo una de las amenazas más presentes en el día a día del santuario.
El Tabo, un territorio de alta prioridad ecológica poco visibilizado
Rojas subrayó que El Tabo es la única comuna de la provincia de San Antonio que concentra tres santuarios de la naturaleza dentro de su territorio: la Quebrada de Córdoba, la Laguna El Peral y Gota de Leche, lo que —a su juicio— la convierte en un área prioritaria para la conservación de la biodiversidad regional, pese a no ocupar un lugar central en la agenda pública comunal ni provincial.
Ese contraste entre relevancia ecológica y bajo perfil institucional fue enmarcado por el entrevistado dentro de un fenómeno más amplio que atraviesa a la provincia: la expansión de infraestructura vinculada al megapuerto de San Antonio y a los denominados puertos secos, que —según describió— se han ido posicionando sobre quebradas y praderas en distintos puntos del territorio, reduciendo superficie disponible para la biodiversidad. En ese contexto, mencionó organizaciones activas en Algarrobo, en Punta Fraile, en la quebrada del Vatro, así como comités ambientales en Cartagena y agrupaciones ligadas a Ojos de Mar y al santuario de la desembocadura del río Maipo, como parte de una red incipiente de defensa territorial que, dijo, aún no logra articularse de manera unificada.
La falsa dicotomía entre desarrollo y conservación
Consultado sobre el argumento —recurrente en el debate público desde el estallido social— de que la protección ambiental frena el desarrollo, Rojas cuestionó los términos mismos de esa disyuntiva. Planteó que el modelo de crecimiento actual antepone sistemáticamente una perspectiva antropocéntrica sobre la ecológica, y llamó a discutir la posibilidad de un decrecimiento planificado antes que un progreso indefinido medido solo en términos de expansión inmobiliaria, minera o de infraestructura portuaria.
“Nuestra manera de habitar no puede seguir siendo progresar sin más. Tenemos que entender que nuestro accionar rompe el ecosistema y con eso estamos perpetuando la decadencia de nuestra propia existencia.”
El botánico insistió en que la educación ambiental —incorporada de manera transversal en establecimientos educacionales e instituciones públicas y privadas— es la herramienta de mediano y largo plazo más efectiva para generar un sentido de pertenencia territorial capaz de sostener la protección de estos espacios más allá de la acción judicial o normativa puntual. Su diagnóstico, sin embargo, no fue exento de matices: reconoció una fatiga organizativa en la participación ciudadana desde la pospandemia, especialmente entre los sectores juveniles que tuvieron mayor protagonismo durante el estallido social, aunque valoró la persistencia de agrupaciones locales, tanto jóvenes como de personas mayores, como un factor de esperanza concreto para la defensa del territorio.
Ficha del episodio
| Programa | Raíces Costeras |
| Invitado | Eric Rojas, botánico, Fundación Territorio Costero / Salvemos Gota de Leche |
| Producción | Radio Galáktika Media · conduce Diego Rojas |
| Territorio | Santuario de la Naturaleza Gota de Leche, Las Cruces, comuna de El Tabo |
| Especie clave | Astragalus trifoliatus (“hierba del Tabo” o “garbancillo”), en peligro crítico |
| Amenazas | Vehículos 4×4, extracción de áridos, presión inmobiliaria, cambio climático |




